El amor propio para una vida de bienestar

¿Imaginas una vida en la que todo lo que hagas aporte a tu bienestar? Esa vida es posible si usas el amor propio como la base de tus decisiones y de tus acciones.

El amor propio tiene mucho que ver con cómo te tratas, pero también con cómo te sientes. El amor propio te permite identificar lo que es bueno para ti porque te sientes en paz con lo que haces. Esa armonía entre lo que dices y lo que haces también aporta a tu bienestar. Por ejemplo, no aceptar una tarea o una invitación es más saludable que aceptarla para cumplir con otros aunque no es lo que realmente deseas. Es importante que seas fiel a ti mismo, sepas cuáles son tus límites y te dejes llevar por cómo se siente esa actividad para ti.

Para tomar decisiones, puedes preguntarte:

  • ¿Cómo me siento ante esta situación?
  • ¿Esto me aporta?

Tus respuestas a esas preguntas te servirán de guía para analizar tus opciones y tomar decisiones.

También puedes diseñar esa vida en la que todo lo que hagas aporte a tu bienestar. Primero, imagínala. Luego, pregúntate qué incluiría, qué harías y con quién y dónde estarías. Reflexiona sobre esa vida llena de amor propio y da los pasos para convertirla en realidad. Integra elementos de tu vida como tu hogar, tu familia y tu trabajo para armonizar ese diseño.

Piénsalo como un nuevo estilo de vida, como cuando se acoge una dieta o una rutina de ejercicios, pero en esta ocasión la meta es experimentar una vida agradable, que aporte a tu bien, al bien colectivo y que te brinde tranquilidad y felicidad.

Como la vida es cambiante, revisa tu diseño de vida cuantas veces sea necesario para que atienda tus circunstancias e intereses del momento.

Por último, pero tal vez más importante: adopta el pensamiento de que es posible vivir en bienestar.

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